INDICADOR POLÍTICO

Ni Lozoya, ni rifa de avión, ni INE,

ni coronavirus, ni jueces, sino el PIB

Carlos Ramírez

La gran contradicción empresarial radica en un dato contrastado: su participación en compra de boletos en el asunto de la rifa del avión por parte de 200 empresarios con una inversión total de 2 mil millones de pesos, en medio de una recesión económica por falta de inversión productiva privada.

Y la primera aparición pública del flamante jefe del gabinete para el crecimiento económico, el empresario Alfonso Romo, fue para ser el escrutador de las cartas-compromiso de empresarios para comprar boletos y no para suscribir pactos inmediatos de inversión privada.

El PIB sigue siendo el factor de crecimiento, creación de la riqueza y distribución de beneficios. La meta oficial del PIB de 2% para 2019 no fue alcanzada y su saldo fue deplorable: -0.1%, con un -0.3% en el cuarto trimestre del año pasado.

Para 2020, la meta oficial fue señalada otra vez en 2%, con una banda baja de 1.5% y alta de 2.5%; sin embargo, las agentes económicos y analistas profesionales –desde el FMI hacia abajo– iniciaron el año con una expectativa de 1.0% y ya la bajaron a 0.7% al comenzar febrero, por lo que hay indicios de que el PIB anual de 2020 sea aún menor al de 2019, oficializando una recesión larga.

Las explicaciones de la recesión tienen cuatro variables: la confrontación empresarios-gobierno, la desconfianza empresarial en el programa de inversiones públicas, el desplome de la demanda agregada y las bajas expectativas en las utilidades empresariales.

Las cifras del INEGI revelan la dimensión de la crisis: el indicador mensual de la actividad industrial sigue tendencia a la baja desde el segundo trimestre de 2018, la inversión bruta fija no repunta y la tasa de ocupación parcial y desocupación de mano de obra es de 9.1%, la informalidad de la población económicamente activa es de 56%, la tasa de subocupación es de 6.12% y la tasa de condiciones críticas de ocupación es de 15.3%.

Los asuntos de Lozoya, la venta de boletos para la rifa-no rifa del avión, la reorganización del INE, el pánico social por el coronavirus y la reforma judicial son, en efecto, decisiones importantes para la reforma de instituciones sistémicas; sin embargo, ninguna de ellas responde al desafío número uno del sexenio: la tasa del PIB que mide la creación de bienes y servicios y revela la masa de dinero para repartir. Sin PIB, pues, no hay paraíso.

La idea de sentar a los empresarios en una cena para obligarlos a comprar boletos para una rifa extraña no es tan mala porque los beneficios de esa rifa serán orientados por única vez al sector salud en colapso de funcionamiento. ¿Qué ocurrirá cuando esos 2 mil millones de pesos los absorba de inmediato el sector salud sin resolver la crisis de atención de 120 millones de mexicanos?

Algunos analistas consideran que los empresarios convocados a Palacio Nacional bien pudieran destinar más recursos que los 20 millones de pesos por cada uno de los 200 convocados en la construcción de un sector salud privado en materia de producción y distribución de medicinas. En el fondo, los 200 empresarios quedarán sin cargos de conciencia comprando boletos sin efecto en el sector productivo y mantener sus bajos volúmenes de inversión productiva empresarial.

El gran desatino estaría en tener en septiembre una rifa exitosa por la participación de empresarios en la compra de boletos, pero con cifras negativas de PIB en los tres primeros trimestres del año. Cifras del IMSS informaron esta semana que la creación de empleo tuvo su nivel más bajo en enero desde 2009, hace once años. Y una tasa 0% del PIB indica de modo económico que no se creó ningún empleo formal en 2019, ante una demanda de 1.2 millones de mexicanos que por primera vez solicitaron empleo en el sector formal.

Sin descuidar los termas de corrupción y de reorganización de instituciones políticas del sistema, la prioridad de los sectores público y privado debiera ser el PIB y de manera más concreta la consolidación de acuerdos para que la inversión pública del 15% del total logre arrastrar con ella al 85% de la inversión total que le corresponde a los empresarios privados.

Además de firmar una carta-compromiso para la compra de boletos de la rifa de un avión que no se va a rifar, los empresarios de la talla de Carlos Slim y todos los invitados a la tamaliza en Palacio Nacional debieron de suscribir por escrito un pacto de inversión privada con el gobierno para reactivar la economía y sacarla del hundimiento recesivo en que estará cuando menos en el primer trimestre de este año 2020.

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