Lunas de octubre

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DE CULTURA Y MÁS…
Por Alejandro Capistrán

                                                         Capítulo I

     Aquella noche, Logan había despertado exhausto y con ligeras lágrimas que brotaban de sus ojos lentamente recorriendo sus mejillas hasta morir en la superficie de sus labios; sin pensarlo, rápidamente se puso de pie al sentir una inmensa amargura que oprimía su pecho en ese instante.

Después de haberlo pensado un momento, se sentó al borde de la cama, de aquella cama que ahora se sentía tan grande y tan vacía al dar vueltas durante noches eternas de insomnio; realmente me es imposible describir tanta soledad, tanta melancolía que manaba de aquél ser humano tan miserable…
Hacía ya 10 años de aquel trágico destino en el que pereciera su amada esposa, jamás podrá quitarse de la memoria aquella sangrienta y desgarradora escena…
Su hija, Safie, de tan sólo 9 años tenía abrazada su muñeca con el brazo izquierdo y en la mano derecha, sostenía fieramente un enorme cuchillo ensangrentado y su rostro reflejaba odio, pero al mismo tiempo se divisaba algo de consternación… Y es que su madre, la esposa de Logan, yacía sin vida en un enorme charco de sangre ante sus pies…
¿Qué fue lo que sucedió aquella noche?

Logan decidió dejar las oficinas del periódico más temprano de lo normal, ser periodista es un trabajo de tiempo completo y muy exhausto y más aún si eres el dueño. Se sentía cansado, con sueño y prefirió caminar en lugar de conducir su cadillac ´68, por si se quedaba dormido al volante, no ser el causante de algún accidente. Fue un trayecto largo, pero disfrutaba su entorno sobremanera, era muy meticuloso para algunas cosas al observar.

Al doblar la esquina para entrar a la calle donde estaba su casa, escuchó un grito desgarrador que le erizó la piel, causándole un miedo terrible, y es que ese grito emergió de su hogar que parecía haber sido un hogar muy tranquilo hasta ese momento. Derribó la puerta con una patada y entró desesperado al estudio sin saber qué ocurría…
-!Elizabeth! !Safie!- gritaba sin poder contener sus nervios que brotaban por cada poro de su piel…
La más sangrienta y desgarradora escena que pudiera presenciar un ser humano, un esposo, un padre… Su hija, Safie de tan sólo 9 años tenía fuertemente abrazada su muñeca con el brazo izquierdo y en su mano derecha, apretaba con fiereza un enorme cuchillo ensangrentado y su rostro reflejaba un odio indescriptible con mis simples palabras, pero al mismo tiempo se divisaba algo de consternación, y es que su madre Elizabeth, estaba sin vida en un enorme charco de sangre ante sus pies…

  • !¿Qué hiciste, Safie?!-.
    Parecía que Safie se había quedado muda, pues los gritos y los cuestionamientos de Logan parecían no perturbarla en lo más mínimo…
    Sostuvo a su amada esposa en sus brazos, sin importar que la sangre echara a perder su traje, en realidad, era lo que menos importaba en ese momento, pues los sollozos de aquel hombre abatido podían desgarrarle el alma a cualquiera…

-¿No crees que la psicología está algo sobre valuada?-. increpó Logan al Dr. zimmerman.

  • Si eso es lo que piensas ¿Por qué has venido conmigo en los últimos 10 años?- refutó Zimmerman.
  • Vamos, eres mi mejor amigo, Carl y no quiero levantar un debate en este momento acerca de tu carrera nuevamente, sólo quiero hablar y que me escuches-.
    -No es sólo eso, Logan; tu situación es más que sólo hablar y ser escuchado. Agradece que por lo mismo que soy tu amigo, no te he mandado con un psiquiatra-.
    -!Bah! No creo que sea tan grave- dijo el periodista mientras encendía su pipa.
  • Logan, lo que tú has sufrido, no se cura con sólo ser escuchado, viviste y sufriste algo más que sólo un shock y debes llevar un tratamiento reglamentario- dijo el doctor exaltándose un poco.
  • Vamos, aquí termina la sesión, te invito un trago- Logan no dio la ni la menor importancia al argumento de Zimmerman…
    Eran las 8:30pm cuando salieron del consultorio, afortunadamente, cuando Logan acudía a ¨ser escuchado¨, Zimmerman sabía que no eran sesiones de sólo 1 hora, así que nunca hacía citas ese día sólo para recibirlo a él, aún sabiendo que a los dos se les olvidaba dónde empiezan y terminan los límites de la amistad y de la profesión…

Continuará…

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