UNA REVOLUCIÓN CATÓLICA

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Por Alejandro Capistrán

DE CULTURA Y MÁS…

(1ª Parte)

    “Pastorea mis ovejas”, dice Jesús a Simón, “si verdaderamente me amas”. Pero se puede pastorear a los feligreses, ser pastor de los hombres de un modo ofensivo hasta para los mismos hombres, ofensivo para la iglesia y para el mismo pastor.

¿Fue don Sergio Méndez Arceo un pastor verdadero? Lo cierto es que fue prelado mexicano. (Tlalpan, 1907- Morelos, 1934), estudió la universidad gregoriana de Roma. Y trabajó de forma intensa en favor de la clase marginada de México con una ideología típica de un obispo “la religión de cristo consiste en obrar bien”.

Sin embargo, de la biblia, los cristianos mediocres, por así decirlo, los acomodaditos pueden tomar lo que más les pueda convenir a sus intereses o pueden interpretar las cosas de tal manera que los textos bíblicos se puedan convertir en una buena justificación dogmática de los opresores y de la opresión.

Méndez Arceo, obispo de Cuernavaca (1952) se convirtió en un artífice de la renovación de la iglesia católica mexicana y en 1972, asistió al congreso de los cristianos por el socialismo.

¿Fue Cuernavaca el centro de una revolución latinoamericana de la iglesia católica?

Cuando el entonces obispo de Cuernavaca decidió hacer cambios radicales en el interior de la catedral de la bella capital de Morelos, en el año de 1957, se inició una nueva etapa en la vida y testimonio del cristianismo mexicano, en la cual la esperanza ha sido y es la fuerza que impulsa a los hombres que son conscientes de la nueva noticia de libertad y de justicia para los que llevan sobre sí la carga de la opresión.

No obstante, el detalle está en que, si el sacerdote contribuye con su trabajo a mediatizar, aún más, a campesinos y obreros; si contribuye a su miseria económica y cultural, ya no es desde el punto de vista cristiano, un pastor. Ese es todo el problema. Y es que, Méndez Arceo promovió la difusión de textos sobre ideologías socialistas, el cambio social, el fenómeno religioso y su influencia en la revolución social de Latinoamérica.

Por otro lado, el mensaje de la iglesia católica en nuestro país ha sido por lo general una especie de opio adormecedor de consciencias, como lo ha sido, desgraciadamente, en todos los países en los cuales se ha dado ese fenómeno social que algunos trasnochados denominaron como, cultura occidental cristiana.

Sin lugar a duda, Karl Marx, después de estudios verdaderamente serios y no como el fruto del rencor o de sus frustraciones religiosas, tuvo razón cuando afirmó que la religión es el opio de los pueblos, ya que con su mensaje de encomienda tranquilizaban y adormecían la consciencia de los oprimidos, en lugar de, como el evangelio lo demanda, incitarlos a la lucha y al no-conformismo. Algo que quizá don Sergio Méndez Arceo tenía muy claro, ya que fue un destacado impulsor de la teología de la liberación y del llamado progresismo católico.

Polémico por sus ideales sociales de apoyo a grupos marginados y su simpatía hacia las corrientes renovadoras en el seno de la iglesia católica…

¿Político o cristiano? Una de las mentiras manejadas de manera realmente admirable por los enemigos del pueblo es aquella en la que se afirma que la iglesia es por naturaleza apolítica. Pero lo cierto es que quienes afirman tal cosa, olvidan mañosamente que el pueblo de su deidad fue un pueblo esencialmente político y que el mensaje de la salvación se da por primera vez en el contexto político del éxodo, quiero decir, en el medio mismo de la lucha del pueblo en contra del faraón y en la salida de Egipto.

Sergio Méndez Arceo denunció la intervención norteamericana en Vietnam, América central y Cuba. Condenó los regímenes militares en Latinoamérica e impulsó el proyecto “Va por Cuba”, enfocado a contrarrestar el bloqueo norteamericano…

Algo que debemos tener claro, es que la biblia está repleta de relatos de luchas antimperialistas.  Si el pueblo de su deidad hubiera sido apolítico como ahora lo exigen los opresores del pueblo porque así les conviene, nunca hubiera salido del Valle de Gosén en el que ya llevaban cuatrocientos años de cautiverio…

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