AL VUELO-Coleccionista

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Por Pegaso

Andaba yo volando acá, arriba, entre las abultadas y frías nubes del otoño que presagian la inminente llegada del invierno, y ví el resplandor de las luces navideñas que ya empiezan a adornar los espacios públicos y los hogares de todos los reynosenses.

Y hasta aquí me llegó la noticia de que el día 7 de diciembre vendrá el Gobernador Francisco García Cabeza de Vaca para encender el gigantesco pino navideño que desde ahora adorna la plaza principal Miguel Hidalgo.

De hecho, el mandatario hará una gira por algunos municipios a fin de llevar todo un festival de música, personajes, juegos y regalos que harán las delicias de los más pequeños y de los más grandes también.

Y siempre que viene la Navidad me acuerdo de un buen amigo que tiene en su casa una enorme colección de santacloses, renos y todo aquello que se relaciona con las fiestas decembrinas.

Cada año, para estas fechas, gusta de sacarlos de sus cajas y colocarlos en lugares muy visibles para que sus visitantes puedan admirar aquel conjunto brillante y colorido de figuritas de todo tamaño y de todo el material imaginable.

Hay quienes coleccionan libros, revistas de Play Boy, camioncitos de bomberos, relojes, cámaras fotográficas, estampitas, monedas y mil cosas más.

Yo prefiero coleccionar palabras. Palabras que no tienen un significado concreto pero que sí simbolizan algo.

Palabras chistosas, rimbombantes, churriguerescas u onomatopéyicas.

Por ejemplo, siempre me fascinaron aquellas expresiones envueltas en un espacio irregular estrellado que salían en las revistas de Batman: “¡Pum!, ¡Cuaz!, ¡Ouch!”.

No significaban nada, pero sí simbolizaban la golpiza que los héroes propinaban a sus archienemigos.

La palabra ¡Pum! y otras que pretenden describir un ruido son conocidas como onomatopeyas, al igual que la palabra ¡Gulp! parecida al sonido que hacemos al tragar saliva cuando tenemos miedo o nerviosismo.

Otros ejemplos de onomatopeyas: ¡Bang!, ¡Biiiip, biiip!, ¡Booom!, ¡Click!, ¡Cronch!, ¡Coooof!, ¡Snifff!, ¡Je, je, je!, ¡Uy!

Algo parecidas son las interjecciones, que son palabras que expresan alguna impresión súbita o un sentimiento profundo como el asombro, la sorpresa, el dolor, la molestia o el amor: ¡Ajá!, ¡Arre!, ¡Cáspita!, ¡Upppsss!, y otras más.

Reviso mi lista de palabras preferidas y veo que está “cantinflear”.

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española ya la aceptó y significa “hablar o actuar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada con sustancia”.

Pero no todas las palabras o exclamaciones raras o chistosas tienen esa suerte, por ejemplo, “trastupije”. Un trastupije, según la aceptación popular, es un negocio ilegal.

Un “menjurge” es una pócima o mezcla de elementos extraños para la persona a quien se le entrega.

Un “cuchitril” es una vivienda muy humilde y desvencijada.

¿Se imagina que todos nos comunicáramos por interjecciones u onomatopeyas? Bueno, eso es precisamente lo que ocurre en los barrios bajos de la capital del país entre unos seres grotescos parecidos a los humanos conocidos como “chilangos”.

Cuando se encuentran dos ejemplares de esa especie suelen saludarse de la siguiente manera:

-¿Qué pez, Aquamán?, o

-¿Qué Honduras con las verduras que andan bajas de temperatura?

Y el aludido casi siempre responde:

-¡Viiieeeentos huracanados del norte y del sur con tendencias a la bajaaaa!, o

-¡Chido, liro, Ramiro y el vampiro Clodomiroooo!

“Cuchicheo” también suena chistoso y significa murmullo entrecortado entre dos o más personas.

Hace poco le pregunté a una especialista en temas de la lengua española cómo se llaman las expresiones formadas por un verbo seguido de un pronombre, como “apuntóle”, o “díjole”, o “expresólo”, que generalmente lo decimos como: “le apuntó”, “le dijo” o “lo expresó”.

Es una forma del idioma español que ya está en desuso pero, ¿a póco no suenan chistosas esas palabrejas?

“Violóla y matóla!,-se leía hace muchos años en la portada de la revista Alarma, pera decir que un sujeto violó y mató a una mujer.

En mi lista de palabras raras no puede faltar “intrínguilis”. Si alguien conoce su significado, por favor hágamelo saber para salir de éste galimatías.

Nos quedamos conla frase estilo Pegaso: “Analgésicos, elevación de terreno con abundante vegetación, aves canoras y reptiles moteados del orden ofidia”. (¡Calmantes, montes, pájaros cantantes y alicantes pintos!)

¿Qué opinas?