La dulce Candidatura…

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VIDA DIARIA
ROSA ELENA GONZALEZ

Más que el champurrado, los buñuelos y churros con cajeta lo que muchos políticos quisieran saborear en estos tiempos es una dulce candidatura.

Lástima, todavía tienen que tener el sabor amargo de no saber si la van a llegar a probar, si la miel de tan cotizado manjar pueda ser para su paladar, por lo tanto no les queda más que esperar a que allá por febrero los puedan nominar.

Los políticos tienen que escribir con más esmero su carta de peticiones a Santa Claus, Los Reyes Magos y hasta a la Virgen de la Candelaria para ver si entre tanta petición se les concede que sus partidos les regalen la nominación.

Mientras los políticos esperan, vemos que en otros tiempos la cercanía con la navidad resultaba ser casi mágica, la gente se llenaba de alegría y hasta la bondad aparecía en el alma de los malvados, hoy las cosas parecen ser distintas, como si la gente poco a poco perdiera la capacidad de sentir una bella emoción sobran personajes con gran ambición.

Quizá hoy hay más personas que no tienen motivos para sentirse felices o las circunstancias les impiden ser bondadosos, pero hasta en los momentos más oscuros podemos encontrar chispazos de felicidad, la bondad es maravillosa, alegra el alma a quien da y a los que reciben, nadie es demasiado pobre que no pueda regalar algo, en ocasiones una sonrisa o un abrazo sincero es suficiente.

La cercanía con la navidad también sirve para reflexionar qué hicimos bien y qué hicimos mal para merecer lo que tenemos, minar el alma o conservar la ilusión de que las cosas pueden ser mejores, la esperanza de un mejor mañana con un futuro más prometedor para las nuevas generaciones.

Cierto, en ocasiones sentimos que México se cae a pedazos, pero en época navideña se vale hasta sentirse niño, con ingenuidad pero con inteligencia comenzar de nuevo, sentir que todo es posible para no morir de tristeza y decepción ante este panorama incierto con tanto político sin escrúpulos, mentirosos, ladrones, corruptos, y lo que le siga.

Como pueblo es mejor tener sueños y esperanzas, así es que hagamos nuestra carta a Santa Claus y a los Reyes Magos esperando se cumplan los deseos y que el año entrante se esté escribiendo una buena historia.

Lamentablemente las cosas son complicadas, tanto que el milagro de que cambien debe ser uno de los primeros propósitos, lo complicado de la realidad hace dudar de todo, la ilusión se va esfumando porque muchas veces los problemas superan la ficción.

En fin, como buenos creyentes mexicanos vamos a lanzar al aire nuestra carta de peticiones, estamos a tiempo, pidamos salud, bienestar, prosperidad, unión familiar, y ya de pasadita que le parece si también pedimos para el próximo año, buenos políticos, representantes populares comprometidos con el pueblo.

Que de los que hoy andan encampañados salgan los mejores, cierto, todos tienen sus asegunes, pero hay unos mejores que otros.

Lo triste, para los adultos es que sabemos que no solo el pueblo espera que El Niño JESUS, Santa Claus y los Reyes Magos nos concedan deseos, en estos tiempos son los políticos los que más se desvelan haciendo montones de cartas con sus peticiones e ilusiones para el año próximo, y ahí será en donde nuestros propósitos y esperanzas pueden quedar coartados, sino tenemos la sapiencia para saber a quienes le entregaremos nuestro futuro junto con nuestro voto.

Seguramente todos los aspirantes a puestos de elección popular ya gastaron las teclas de sus computadoras haciendo sus cartitas, y sus seguidores más, sobre todo los que sueñan con la gubernatura.

Obviamente los aspirantes a dirigir los destinos de los pueblos que les vieron nacer y los que dicen querer ser nuestra voz en el Congreso Local también tienen listas sus cartas, aunque primero las hicieron para Santa Claus, luego para los Reyes Magos pero ahora como todos están ciertos que será hasta febrero cuando sus partidos elijan candidatos las misivas van para la Virgen de la Candelaria esperando que con el champurrado y los tamales por la levantada del niño JESUS también puedan degustar la dulce candidatura.

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