MOMENTO AGRADABLE

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Pues sí, murió El Kalusha, hermoso perro labrador negro, perdón, de color. Ya eran muchos los años que cargaba y se fue sin más una mañana mientras yo no escribía.

Por ello queridos lectores de siempre ustedes no se enteraron, no hubo quien le dedicara una línea ágata ni una condolencia en el periódico, pues nadie, absolutamente nadie se enteró.

Se fue con sus conocimientos a cuesta, sus dos concubinas le lloraron poco, al otro día de su muerte, ellas ya estaban cerca de la verja, -a donde en vida, donde no las dejaba llegar mi perro-, coqueteando con los perros de los vecinos, llamando la atención como si fueran candidatos en campaña.

Ellas no tienen la culpa, dicen que a cada perro le corresponden 28 perras en su vida, hay quienes sin ser perros presumen de eso y más, aunque es difícil de creer.

Trataré con La Serena y La Venus de platicar de política, aunque las veo distraídas, la mas consiente del tema es la Canora, pero esa es muy grilla y le creo poco, aunque debo de reconocer que es muy efectiva en el arte de destruir el periódico, ya que el domingo no alcanzó a llegar a mis manos, pues con una habilidad extraordinaria, antes de que pisara el suelo el envío del voceador, cayó en su hocico y se lo llevó para no sé dónde.

Quiero decirles que como necesitaba informarme, tomé la mala decisión de recorrer el vecindario casa por casa para ver si podía sustraer, prestado, el periódico de algún vecino y hasta llegué a pensar que todos habían madrugado, pues no encontré uno solo en el frente de los domicilios.

Decidido a informarme, tomé la decisión de buscar en el patio trasero el periódico dominguero, aunque escurriera babas y demás, pero cuál sería mi sorpresa que ahí en un rincón la méndiga perra tenia apilados todos los restos de periódicos del barrio.

Los había hecho pedazos todos y de inmediato comenzó a sonar el teléfono preguntándome los vecinos si de casualidad yo había recibido mi diario.

Obvio resulta decir que yo negué todo, mientras veía a La Canora hacer sus necesidades sobre la pila de ejemplares.

Ahora esperare los resultados de las indagatorias de los vecinos, pues yo no me atrevo a decirles que fue una perra la que se los desapareció, me apena y avergüenza pensar que una hembra de poco cerebro y que no sabe leer se atreva a tanto y aunque no creo en el uso de la correa, tengo que pensar seriamente en amarrarla los domingos.

Sé que después de esto los vecinos cuando se lleguen a enterar le perderán la confianza, y solo le ruego a Dios que el voceador no se haya percatado de quien fue la culpable, pues temo que después vengan los reclamos a domicilio.

En fin, pensé que con la muerte de El Kalusha ya no tendría historias que contar, pero veo que no, que ahora las perras se encargarán de dar a conocer el punto de vista de un amante de los canes, que solo pretende hacer de la lectura un MOMENTO AGRADABLE.

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