Una mujer quijote

SENCILLITO

Por ALBERTO RODRIGUEZ ROMERO

El domingo pasado pasaron una película del inolvidable Cantinflas, se titula “Un Quijote Sin Mancha”, un pasante de abogado que vive en una vecindad del entonces Distrito Federal, la cual pretendían desalojar, pero que valientemente, pero sobre todo, desinteresadamente, Justo Leal y Aventado, hace una defensa y logra evitar el desalojo e incluso el aumento en las rentas.

Ahí, Angel Garasa, un veterano abogado, se convierte en su mentor, le hace la siguiente referencia a su persona: “Eres partidario de la justicia; te gusta ayudar a los pobres, aun sabiendo que poco, o nada, pueden darte; en fin… eres un hombre puro, y sin mancha”.

En estos tiempos modernos, donde el dinero es lo que pondera y donde ahora el lema es que para ser abogado se requiere no tener corazón, vive una Quijote que combate los molinos de viento que quieren hacer daño a los desvalidos.

Sin embargo, hay gente que le malinterpreta ese buen corazón y actúa con dolo para que les hagan sus defensas y alegatos, y ellos nada más cobrar o bien recibir el apoyo legal sin pagar sus honorarios, siendo personas pudientes.

Pero eso no la ha hecho cambiar en su forma de ser, al contrario, es una enamorada del derecho, estudiosa y preparada. Rosa Ofelia Valadez Barreda, victorense de nacimiento, sigue tomando su micro para ir a los juzgados, a ver los casos que trae, como el de don Darío, un adulto mayor que pretenden, casi lo lograban, de quitarle su patrimonio.

La caracteriza su sonrisa y su franqueza, tal vez de lo que adolecen en estos tiempos tan modernos incluso nuestros funcionarios.
Para ella, caso que toma, caso que no suelta hasta culminarlo, es muy comprometida con su honorabilidad y su capacitación… es algo
que en estas fechas es muy escaso en la función pública.

Empezará una nueva cruzada, buscará ayudar aún más a quienes lo necesiten, y le queda como anillo al dedo esa frase con la que culmina el dialogo entre Cantinflas y Garasa, siempre con el corazón por delante y con la justicia de la mano.

Es tiempo de voltear a ver a quienes se apasionan con su profesión.

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