Tiene fuerte el corazón…

Hacer de la pobreza un clientelismo político es una práctica común en los gobiernos mexicanos, no importa si son de derecha, de izquierda, o del centro, casi todos caen en la tentación de aferrarse al poder por esta vía, verdad es que unos lo hacen de manera sana y otros no con muy buenas intenciones.

En ese trayecto, el de los gobiernos mexicanos modernos, hemos visto de todo, desde los políticos que con un afán de servir van a la colonia más alejada o el ejido más distante de la geografía que le corresponde gobernar para ver en que pueden servir, hasta los que se han enriquecido inflando el precio de las despensas, simulando obras, o contratando a los amigos con sueldos súper elevados.

A muchas administraciones se les olvido algo, la asistencia social es el corazón de un gobierno, quizá no sirva a la distancia, quizá no tenga beneficios porque la máxima, la que enseña la Biblia y de la que se han acogido muchas teorías económicas, es de “enseñar a pescar no llevarle pescado a la gente”, pero… hay personas que no tiene donde pescar y a ellos hay que llevarles comida, techo, cobijas.

Es decir, de poco serviría un gobierno si se enfoca únicamente a buscar el crecimiento económico pero se olvida de que hay sectores desprotegidos que no están en condiciones de entrar a ese ritmo, de que su gente puede morir de desnutrición, e incluso de hambre, si no se le inyectan recursos.

Para citar un ejemplo, ayer en el informe de Pilar González de Torre, presidenta del DIF estatal, detalló que cada mes se entregan 57 mil despensas que benefician a más de 240 mil tamaulipecos, ¿qué pasaría con ellos sino llegaran a atenderse como ahora sucede?, la respuesta es simple porque solo tiene dos posibles hipótesis; la primera, que los miembros de esas familias se dediquen a delinquir e incluso a engrosar las filas del crimen organizado para hacerse de dinero; y la segunda, que morirían de hambre o de cualquier enfermedad ligada a la pobreza y que a veces se curan o se previenen comiendo tres veces al día, a eso me refiero, a que estas labores se deben realizar con eficacia, como bien lo dijo la presidenta del DIF, con números en la mano, con un padrón de beneficiarios transparente, y sobre todo, evaluando el avance de los programas.

Bien por el DIF Tamaulipas, bien por el trabajo que se hace pero más por la sinceridad de las palabras, más por dejar el mensaje de conciencia para todos, de que la situación no es fácil y a también nos toca participar.

A que vamos, a que si bien se dieron cifras puntuales del apoyo a las mujeres, a los niños, a la familia como el pilar de nuestra sociedad, a los adultos mayores, y a las personas con discapacidad, nunca dan el trabajo por terminado sino que lo definen correctamente como un paso más, un paso que si bien se ha colado hasta la última comunidad de nuestro territorio todavía tienen conciencia de que queda algo por hacer.

Y si, es posible un mejor Tamaulipas, para ello habrá que entregarse al trabajo conjunto, a hacer equipo con el gobierno federal, el estatal, y los municipales, sobre todo, a sumarse a la tarea que se hace con el corazón para que los más desprotegidos encuentren pronto posibilidades de generar su propia riqueza, en otras condiciones, en otras circunstancias más favorables.

Cierto, lo más pesado de la tarea es la asistencia social, la tarea solidaria, porque representa generalmente gasto, porque representa generalmente ir a espacios donde las condiciones no son las mejores, porque además, nunca habrá presupuesto suficiente para ayudar a todos y en esas condiciones quedan sentimientos de impotencia.

La importancia del DIF va más allá, más ahora que las autoridades de la Sedesol como Alejandro Ostos García, o el delegado de la Secretaria de Desarrollo Social Federal, Luis Alonso Mejía, aceptaron que la pobreza crece y la cifra de los que no tienen ni para comer va en aumento hasta en un cinco por ciento.

En ese sentido hay que congratularnos, este Tamaulipas tiene fuerte el corazón, tiene un sistema DIF solidario, pensante, actuante, que conoce que solo en el desarrollo integral de una sociedad se puede lograr el progreso pleno de un pueblo.

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