Seguridad y Defensa

Seguridad: estrategia teodolito

Por Carlos Ramírez

Junto con los saldos de crecimiento de los homicidios dolosos saltó al escenario estratégico de seguridad la amenaza del presidente Trump de declarar terroristas a los cárteles mexicanos. Lo de menos es que sean o no terroristas o puedan convertirse en espacio al servicio de los terroristas, En el fondo se localiza el tema de la inseguridad y los crímenes.

La intención de Trump puso a la estrategia lopezobradorista de seguridad ante el dilema de desentenderse de los EE. UU. y pagar costos políticos o regresar a la guerra contra los cárteles que se había ya terminado y de alguna manera reactivar la dinámica de la violencia alimentada por la violencia.

Sin embargo, algunos especialistas creen que puede haber opciones intermedias entre la guerra que pide Trump y la paz que ofrece López Obrador. Una de esas opciones sería de la una estrategia que pudiera denominarse “Estrategia Teodolito” para significar el método de usar telescopios de ingeniería para operar sobre objetivos definidos y aislados.

Los EE. UU. quieren ver que Mexico esté persiguiendo capos y desarticulando cárteles. De ahí la propuesta de pasar de una guerra general del Estado contra todos los cárteles a operaciones de inteligencia basados en objetivos precisos. Con ello se tendrían resultados de bajas de capos y disminución de capacidad operativa de bandas, pero sin generar una violencia sin control.

El operativo en Culiacán a mediados de octubre buscó arrestar con fines de extradición a Ovidio Guzmán López, hijo de El Chapo Guzmán y encargado de la sección de drogas químicas que están causando muertes en los consumidores estadunidenses. No se trató de un operativo contra todos los capos del Cártel de Sinaloa, sino sólo contra uno de ellos. El operativo falló por dos percepciones del mando criminal: la suposición de que irían por todos y la intención de favorecer al Cártel Jalisco Nueva Generación. La capacidad de respuesta armada de la banda criminal dejó claro el mensaje de que los cárteles tienen capacidad de fuego que sólo es superada por las fuerzas armadas.

El problema de perseguir capos no radica en la disminución de la violencia, sino en el hecho de que los cárteles están avanzando en su expansión de dominio de drogas, de conquista de territorios y en el fortalecimiento como banda criminal. Es decir, que el repliegue de la lucha contra el crimen organizado ha dejado parte del territorio nacional en manos de los cárteles.

En este sentido es en el que se habla el modelo de Teodolito. Las ofensivas generales suelen estar dejando las calles llenas de muertos. Pero labores de inteligencia con aparatos de seguridad menos ostentosos y más entrenados para acciones no visibles de captura de jefes o cuando menos de acotamiento de zonas de operación.

El año de 2019 con la estrategia de paz no disminuyó el número de homicidios, aunque en diciembre podría llegar a su techo; pero se trataría de un nivel alto de homicidios. Ahora debe venir una ofensiva estratégica para ir desmantelando banas que se nieguen a rendirse.

Ley de la Omertá

Historia del narcotráfico en México. Apuntes para entender al crimen organizado y la violencia, del director del CISEN 2006-2011, Guillermo Valdés Castellanos. Esta tercera y última parte de la revisión del libro señala la fase en que los cárteles pasaron de la corrupción de policías comprando protección a lo que se conoce como “la captura del Estado” o la penetración de las bandas criminales en las estructuras del Estado para expropiar en los hechos zonas territoriales de la soberanía de la república.

Esta fase ocurre con el relevo de la élite política gobernante: de los viejos políticos hijos de la revolución y con instrumentos de control de los delincuentes a través del PRI a los tecnócratas desinteresados en los hilos de control del México de la violencia. Las viejas oficinas policiacas perdieron poder y ya no consiguieron vender protección; muchos agentes pasaron de forma directa a formar parte de las bandas delictivas, aprovechando, eso sí, sus contactos con el poder. Los gobiernos de 1982 en adelante se desentendieron de la criminalidad, aunque sin crear instituciones fuertes de seguridad y justicia.

Las organizaciones delictivitas que operaban sólo con custodios de siembras y tráfico pasaron a crear grupos armados para defenderse de las nuevas policías y para atacar a competidores. Los cárteles dieron el paso a la expansión de territorios. De manera formal se crearon las bandas, los grupos y los cárteles para dominar precios de producción y venta. Sin una estrategia integral, las autoridades comenzaron a capturar jefes y capos y a desatar una guerra por territorios. De 1990 al 2006 ocurrieron tres hechos clave: liderazgos formales, lucha por plazas y creación de grupos armados.

En diciembre de 2006 inició la gran ofensiva integral de las fuerzas de seguridad –incluyendo al ejército– para recuperar espacios y capturar-liquidar-deportar capos, creando guerras dentro de las guerras y respuestas agresivas con alto crecimiento de los homicidios dolosos directos y colaterales. Esta fase terminó en diciembre de 2018 con el arribo de López Obrador a la presidencia.

Zona Zero

·      Algunas informaciones filtradas revelan que podría estar elaborándose una minuta de crítica, queja y reclamo contra gobernadores que se han desentendido de la lucha contra la delincuencia en el nivel de fuero común y que han permitido que muchos de sus municipios estén controlados por grupos criminales.

·      La crisis de seguridad en Coahuila debe atraer la atención federal por la consolidación de un nuevo cártel, el autodenominado Cártel del Noreste y sobre todo su grupo de choque La tropa del infierno. El nuevo grupo podría haber nacido de una célula de Los Zetas. El CDN viene con la violencia como divisa y dispuesta a generar caos en zona fronteriza con los EE. UU.

El autor es director del Centro de Estudios Económicos, Políticos y de Seguridad.

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