El comunismo (1ª Parte)

De Cultura y más…
Por Alejandro Capistrán

En el año de 1848, Francia atravesaba uno de los momentos más trascendentales de su tiempo, ya que en febrero de ese mismo año, estalla lo que será la revolución francesa. Pero desde un considerable tiempo atrás, un espectro se cernía sobre toda Europa, era el fantasma del comunismo.

Para nuestro tiempo, al escuchar esta palabra, lo primero que se nos viene a la mente es una dictadura o mejor dicho, un dictador que pasó a la historia por sus crueldades, cuando la realidad es otra totalmente diferente. Y es que esos pésimos gobernantes, lo único que han hecho, ha sido esconderse tras la máscara del comunismo para poder hacer sus inhumanidades. Porque el comunismo no es lo que todos creemos.

El verdadero comunismo difiere de todos lo movimientos revolucionarios previos. Su propósito es arrancar de raíz los cimientos de la sociedad, cambiar completamente el sistema de producción y de comercio, y eliminar muchas cosas que hasta ahora se creían determinadas por la naturaleza, pero que en realidad son creaciones humanas.

Sus objetivos son económicos principalmente: crear las condiciones materiales necesarias para la asociación libre de los individuos, utilizando las condiciones existentes.

Pero con el paso de los años, estos objetivos económicos que suponen beneficiarían a la sociedad, no se han convertido más que en ambiciones de poder individual en el que un gobernante implanta lo que se denomina un “REGIMEN COMUNISTA”.

Sin embargo, la realidad es que los hombres deben ser libres con el comunismo, porque así desaparecerá la coerción que la sociedad ha tenido hasta ahora.

Es en éste punto de la historia del comunismo, donde se conceptualiza la lucha de clases.

No obstante, la división en clases persistirá mientras no se forme una clase cuyos intereses no sean privativos de su clase, y cuyo objetivo no sea reemplazar a la clase dominante. Sus intereses serán de toda la sociedad y esto permitirá eliminar todo vestigio de denominación de una clase sobre otra, una vez que se destruya el poder de la clase dominante.

En el futuro, ya no existirán ni clases dominantes ni clases dominadas.

Por ejemplo, cuando en 1959, Fidel Castro triunfó en su revolución cubana contra la dictadura de Fulgencio Batista, él tenía como propósito los intereses de toda la isla que era su libertad. Sin embargo, con el paso de los años, Castro fue víctima de un extraño fanatismo, pues no aceptaba más opinión que la suya anteponiendo su creencia en la revolución pero nunca en el comunismo.

Y es así como Cuba, de una dictadura donde el analfabetismo y las enfermedades dominaban la isla, pasa a una “DICTADURA COMUNISTA” donde Fidel se puede observar como individuo y no Cuba como sociedad…

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