EL CIELO Y EL INFIERNO

OPTIMUS

Por: Jorge A. Pérez González                                  

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Domingo 10  de marzo 2019

La lucha obrera en Matamoros, me recuerda todo lo que he leído sobre la lucha de la mujer por obtener el derecho a votar, parece mentira, pero fue apenas el  3 de julio de 1955 cuando por primera vez la mujer mexicana ejerció su derecho al sufragio, es decir apenas un año antes de que naciera.

Cuando leo los argumentos en los mensajes que me envían y que retroalimentan mi análisis, me cuestiono si en verdad los obreros por su falta de educación superior, son capaces de ganar más y aspirar a una vida mejor sin dilapidar su ingreso, yo no tengo duda alguna, sin embargo, son muchos quienes piensan que no están preparados.

En aquella lucha de las mujeres visionarias, se logró la aprobación en el congreso en 1937, pero se retrasó su implementación pues se argumentó que las mujeres se verían influenciadas en su voto por los curas. Por favor no se ría usted al leer esto, el próximo mes de junio seguramente dirán que el voto obrero fue influenciado por una mujer llamada Susana.

Ayer sábado 9 de marzo, cumplió años María Antonieta Morales, ella dejó un legado cultural en Matamoros que no debemos de olvidar, va como regalo un cuento de Pablo Coelho, esperando haya pasado el día feliz con su nieta.

“Un hombre, su caballo y su perro iban por una carretera. Cuando pasaban cerca de un enorme árbol, cayó un rayo y los tres murieron fulminados.

Pero el hombre no se dio cuenta de que ya había abandonado este mundo, y prosiguió su camino con sus dos animales; a veces los muertos tardan un cierto tiempo antes de ser conscientes de su nueva condición.

La carretera era muy larga, colina arriba, el sol era muy fuerte, estaban sudados y sedientos. En una curva del camino vieron un portal magnífico, todo de mármol, que conducía a una plaza pavimentada con adoquines de oro, en el centro de la cual había una fuente de donde manaba un agua cristalina.

El caminante se dirigió al hombre que custodiaba la entrada.

– Buenos días.

– Buenos días – Respondió el guardián. – ¿Cómo se llama este lugar tan bonito?

– Esto es el Cielo.

– Que bien que hayamos llegado al Cielo, porque estamos sedientos.

– Usted puede entrar y beber tanta agua como quiera – Y el guardián señaló la fuente.

– Pero mi caballo y mi perro también tienen sed…

– Lo siento mucho – Dijo el guardián- pero aquí no se permite la entrada a los animales.

El hombre se levantó con gran disgusto, puesto que tenía muchísima sed, pero no pensaba beber solo; dio las gracias al guardián y siguió adelante.

Después de caminar un buen rato cuesta arriba, exhaustos, llegaron a otro sitio, cuya entrada estaba marcada por una puertecita vieja que daba a un camino de tierra rodeado de árboles. A la sombra de uno de los árboles había un hombre echado, con la cabeza cubierta por un sombrero, posiblemente dormía.

– Buenos días – dijo el caminante.

El hombre respondió con un gesto con la cabeza.

– Tenemos mucha sed, yo, mi caballo y mi perro.

– Hay una fuente entre aquellas rocas – dijo el hombre, indicando el lugar- Podéis beber tanta agua como queráis.

El hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y calmaron su sed. El caminante volvió atrás para dar las gracias al hombre.

– Podéis volver siempre que queráis – Le respondió-

– A propósito ¿Cómo se llama este lugar?

– Cielo.

– ¿El Cielo? ¡Pero si el guardián del portal de mármol me ha dicho que aquello era el Cielo!

– Aquello no era el Cielo, era el Infierno.

El caminante quedó perplejo.

– ¡Deberíais prohibir que utilicen vuestro nombre! ¡Esta información falsa debe de provocar grandes confusiones!

-¡De ninguna manera! En realidad, nos hacen un gran favor, Porque allí se quedan todos los que son capaces de abandonar a sus mejores amigos…”

Este es un fragmento del libro de Paulo Coelho “El Demonio y la Señorita Prym”, esta novela emocionante plantea la lucha del bien y el mal y como un pueblo pequeño se convierte en cómplice de una trama perversa, el cuento se titula, EL CIELO Y EL INFIERNO.

Jorge Alberto Pérez González
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