La miel del PANAL 2ª DE 3 PARTES

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Casi un mes después, el 25 de abril, se celebró el primer debate durante hora y media, varios canales de televisión y estaciones de radio difundieron el encuentro de cuatro candidatos presidenciales; al mismo no asistiría Andrés Manuel persuadido, sin duda, de que no necesitaba correr ese riego. A decir de muchos, para esa fecha, “la estrategia de Calderón da los primeros resultados, la mayoría de las encuestas le da ventaja sobre López Obrador”. Cierto que para casi un 72% de la población este primer debate no le significó cambiar el sentido de su voto, pero para un 14% de la población sí lo determinó y de éstos, sólo Patricia Mercado y Felipe Calderón resultaron favorecidos, pues de los que opinaron respecto de Andrés Manuel López, casi un 93% tuvo una opinión negativa por su ausencia.

Para esas fechas: “AMLO se sintió seguro por su popularidad, pero principalmente porque su expectativa de voto era la más elevada de manera que no era necesario “pelearla” con el resto. A través de su equipo de asesores creó una corriente de acción que poco a poco lo distanció del contexto de la campaña y dio por supuesto que las expectativas se convertirían en una decisión de votación”.

En el segundo debate, ahora sí entre los cinco candidatos a la presidencia de la República, llevado a cabo el 6 de junio de 2006, Felipe Calderón era indiscutiblemente un puntero en las encuestas. Al final del mismo, Andrés Manuel soltaría una bomba que le representó temporalmente volver al primer lugar en las encuestas: El tema de Diego Hildebrando Zavala Gómez del Campo, hermano de Margarita Zavala, esposa de Felipe Calderón. El 7 de junio, aparecen los spots en contra de Felipe Calderón y el llamado “cuñado incómodo”, lo cual provocaría un repunte de AMLO y un “significativo descenso” de FCH.

En resumen, las tendencias electorales serían un incremento de tres puntos, entre enero y mayo de 2006 a favor de Felipe Calderón; un descenso de tres puntos para Andrés Manuel en el mismo lapso; un incremento/decremento de Roberto Madrazo de más dos o menos dos puntos; y un incremento de dos puntos a favor de otras opciones. Lo que a finales de marzo significó un empate técnico de 33% en las preferencias para los dos candidatos punteros (FCH y AMLO). De hecho, las últimas encuestas, realizadas los días previos al viernes 23 de junio, último día en que legalmente podían darse a conocer las tendencias en materia de preferencias electorales, perfilan el siguiente contexto: “La firma Alducín y Asociados difundió un promedio de nueve encuestas publicadas en los últimos días que daban a AMLO una ventaja del 34.9 por ciento, y situaban a FCH cerca, a dos décimas de distancia (34.7), y a Roberto Madrazo Pintado relegado con 25.8 por ciento”.

¿Qué conclusiones podemos extraer de todo lo anterior? Aunque esquemáticas y extremadamente simplificadas -en una contienda tan cerrada absolutamente todos los factores son determinantes- podemos apuntar las siguientes:

1. El Candidato “fuerte”, AMLO, con recursos económicos prácticamente ilimitados, no logró mantener su posición de puntero; y a los primeros reveses (chachalacagate, ausencia del primer debate, excesiva seguridad en su supuesta popularidad “a toda prueba”, etc.), lejos de cambiar de estrategia de campaña, se empeñó en culpar a otros de sus resultados desfavorables;

2. El Candidato de la Coalición “Alianza por México”, Roberto Madrazo, con recursos económicos más que suficientes, con una estructura partidista más que probada y con todas las herramientas de campaña necesarias y a su disposición, derivado de su mala imagen en ningún momento fue capaz de remontar su posición inicial de tercer lugar, y

3. La campaña final de Felipe Calderón puede definirse como “de contraste”, resumida en el conocido slogan de que López Obrador era “un peligro para México”; empero esta definición ocurre luego de dar un giro dramático a su campaña cambiando de estrategia, de tácticas e inclusive de coordinadores; esta actitud contrasta ampliamente con la de AMLO pues frente a idéntica circunstancia, una campaña que no marcha todo lo bien que pudiera, el primero optó por cambiar de estrategia y el segundo por culpar a otros y acusar los efectos de un “complot” (Trejo, 2006:4).

En síntesis, lo anterior significa que el dinero y la campaña por sí mismos, sin un candidato adecuado, no generan buenos resultados necesariamente (Roberto Madrazo); que un excelente candidato, con bastantes recursos humanos, económicos y materiales puede fracasar en sus pretensiones al descender de la preferencia previa, si descuida aspectos fundamentales de la campaña -estrategia y mensaje- (Andrés Manuel); y por último, que un candidato regular, con recursos humanos, económicos y materiales suficientes, con una campaña consistente sobre la base de una estrategia y un mensaje adecuados, es posible que tenga éxito aún y cuando su posición previa no sea del todo favorable (Felipe Calderón).

Luego de casi seis años de campaña y un uso discrecional de los recursos públicos de una de las entidades más prósperas del País, la figura de Enrique Peña Nieto se ha consolidado de tal modo que a finales de 2011, no había candidato, de ningún partido, que pudiera enfrentarlo con éxito. Para el mes de octubre de ese año, la diferencia entre éste y cualquiera de sus adversarios potenciales en las preferencias del electorado parecía inalcanzable con más de 20 puntos.

Continuará…

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