LA MIEL DEL PANAL. 1ª DE 3 PARTES.

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Lola me lo comentó anteayer y no le creí: “No, mamá, no; ha de ser que el PT o Movimiento Ciudadano decidieron no apoyar a Mancera en el DF”; “¿Pero cómo vas tú a creer que la maestra (Elba Esther), no vaya a apoyar al copetón?”; “pero si ya hasta firmaron el convenio de coalición, mamá”; “que no, Lola; haz caso: Nomás no puede ser”. A Dios gracias que no le aposté que me comía el periódico donde apareciera publicada la noticia, que sino… cual vil chiva, estaría yo saboreando riquísimas primeras planas de matutinos y vespertinos a granel. En efecto: “PRI y Panal cancelan su coalición electoral”.

De todas las declaraciones publicadas a ese respecto, me quedo con tres, de las que reproduzco algunos párrafos (so pena de incurrir en la ira del Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica con el traído y llevado asunto de la “Ley Sopa”):

1. “Tras una semana de negociaciones, la noche de este viernes fracasó el intento del presidente nacional priísta, Pedro Joaquín Coldwell, de modificar el acuerdo que cedía al Panal candidaturas al Senado, en primera fórmula, en Chiapas, Sinaloa, y en segunda fórmula, en Puebla y Nayarit”;

2. “En su sede nacional, el líder del PANAL, vinculado con la lideresa de los maestros, Elba Esther Gordillo, reiteró que van a ir solos en el proceso federal y advirtió que no serán rehén de ningún grupo político”, y

3. “La separación amistosa y cordial con Nueva Alianza no afecta al precandidato priista a la Presidencia, Enrique Peña Nieto, ni la relación del Partido Revolucionario Institucional con los maestros, afirmó la secretaria general de esa fuerza política, Cristina Díaz Salazar”.

Lo cierto es que estas notas dan cuenta de lo impensable hasta hace relativamente poco tiempo: Que la cómoda ventaja del desengelado, perdón, desangelado candidato del PRI a la Presidencia de la República, Enrique Peña Nieto, empieza a hacer aguas. Y para colmo, no se trata de los tropezones de lengua de semanas atrás (el affaire de los libros que no leyó, la confusión de autores, el “lapsus” de su hija en Twitter, su ignorancia sobre el precio del kilo de tortilla o sobre el monto del salario mínimo ) comidilla de las redes sociales durante bastante tiempo, en lo absoluto; ahora, se trata de un descalabro de fondo. Veamos el porqué.

En principio, destaca lo publicado en las primeras horas de este fin de semana respecto de la ruptura con el PANAL, en el sentido de que el presidente del PRI, Pedro Joaquín Coldwell, fue incapaz de convencer a sus correligionarios respecto de la modificación del acuerdo previo que cedía al Panal candidaturas al Senado en distintas entidades; la lectura es muy simple: Para los priístas, la alianza con el PANAL no es necesaria; tan no lo es, que prefieren prescindir de ella y pasar de largo, confiados en el rating de su plumífero abanderado (por aquello de la Gaviotaaaaaa). En segundo lugar, el agravio lo resiente el PANAL el que, en voz de su Presidente, cófrade de la maestra, declara que la ruptura es responsabilidad del PRI; y a través de su líder moral (¡Válgame Dios!), Elba Esther Gordillo, señala que no serán rehén de ningún grupo político. Por último, es de llamar la atención el que se insista, por el lado del PRI, en que se trató de una separación “amistosa y cordial” con aquel Partido; que la misma “no afecta a Enrique Peña Nieto” ni perjudica “la relación del PRI con los maestros”.

Todo lo anterior es relevante porque, en el 2006, ocurrió algo muy similar: Luego de casi seis años de campaña, un uso discrecional de los recursos públicos de la capital de la República y los desatinos del desafuero, la figura de Andrés Manuel López Obrador se había consolidado de tal modo que a finales de 2005, no había candidato, de ningún partido, que pudiera enfrentarlo con éxito: “Cuando los cinco candidatos se alinearon, la personalidad, popularidad y potencialidad de voto de AMLO estuvieron en su punto más elevado, dominando el escenario político del país en esta circunstancia. Fue en este momento […] cuando el equipo que asesora a AMLO comenzó a errar en su estrategia”). Entre enero y agosto de ese año, la diferencia entre Andrés Manuel y Felipe Calderón fluctuó en un rango de los 20 puntos de diferencia en detrimento de este último; en tanto que la figura de Roberto Madrazo, luego de un “pico” que lo llevó a los 39 puntos a principios de 2004, se mantuvo en una constante del 30% que se desplomó el año de la elección, a partir del mes de enero, hasta los 26 puntos.

El 20 de marzo de 2006, López Obrador comete el primer error de consideración cuando pretende callar el Presidente de la República, Vicente Fox, con las ya famosas frases de “cállese ciudadano Presiente” y “cállate chachalaca”. Esto dio lugar al spot donde se le compara con Hugo Chávez, que después de un tiempo de aparecer en los medios tuvo que salir por indicación del IFE. El “error de Obrador y este spot, sumados a las listas de senadores y diputados presentadas por el PRD y donde aparecen ‘renombrados’ priístas, costaron a López Obrador bajar, por primera vez, a segundo lugar en las encuestas”.

Continuará…

Luis Villegas Montes.
luvimo66_@hotmail.com, luvimo6608@gmail.com

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