Ineptos…

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El crecimiento de la pobreza en un país, en un Estado, o un municipio, tiene generalmente dos razones; la primera es la corrupción de los encargados de las dependencias que en teoría deben combatir este mal y mejor se quedan con el dinero destinado a los más necesitados o se lo entregan en charola de plata a sus amigos, novias, novios o familiares; la segunda es la ineptitud.

Así, y a primera vista, parece que en el nivel federal les aquejan los dos males, la presunta conversación de Cocoa Calderón Hinojosa ordenando el desvío de recursos federales para la compra de votos puede ser una prueba, la otra, la gran cantidad de dinero que se despilfarra en épocas electorales para la pepena de votos, aunque se haga sin ton ni son.

Todo viene a colación porque desde el fin de semana anterior aparece Tamaulipas como uno de los Estado donde crece la pobreza, la información del Consejo Nacional para la Evaluación de las Políticas de Desarrollo Social, la Coneval, es exhibida con un dejo de alegría (quien sabe si de forma dolosa o tonta) por parte del delegado de la Sedesol Federal, Luis Alonso Mejía, y en la misma tonada, por el encargado de despacho de la Sedesol estatal, Alejandro Ostos García.

Es, en estos hombres y en sus antecesores, donde se pueden encontrar sin duda alguna las razones de que la pobreza crezca en un cinco por ciento en Tamaulipas, problema que algunos justifican con el argumento de la gran cantidad de personas originarias de otros Estados de la República que recibimos a diario, otros más por lo difícil de la tierra tamaulipeca, e incluso no faltará quien diga que todo se debe a la crisis y recesión en Estados Unidos, pero la verdad, le repito, la jodencia solo tiene origen en la corrupción o en la ineptitud, y a veces en ambas cosas.

LA certeza es de que la pobreza se debe más a corrupción que a la ineptitud, en ambas Sedesoles, la estatal y la federal, hay una estela de mugrero (no se puede llamar de otra forma al robo del dinero destinado a los más pobres) que no han podido cubrir.

Es decir, más que el trabajo realizado por esas dependencias todavía se habla más de cómo se inflaron precios de despensas el sexenio pasado, de cómo se justificaron obras con facturas sin que se haya movido ni siquiera una carretilla de materiales para realizarla, esto en el caso de la local, y en la federal es fecha que nadie explica cuanto se llevaron los seguidores de Lucia Irene Alzaga Madaria, tampoco han aclarado si es verdad que resultó un saqueador Humberto Reynoso Ríos como se le acusa, y por si ello fuera poco, todavía nadie puede aclarar si es cierto que en lugar de utilizarse para el trabajo los vehículos oficiales de esa dependencia se usan para promoción política de un personaje y para acarrear panistas a los mítines o protestas en contra de su partido como fue denunciado en su momento.

Así, sobre el problema del aumento de la pobreza, no solo requiere de reconocerlo, menos de justificarlo, tampoco necesitamos que nos digan pobrecitos o que prometan que las cosas van a cambiar, esta visto que se demanda cortar cabezas para luego llevar gente apta a los puestos de delegado o Secretario de Desarrollo Social.

Triste es que pase el tiempo y los titulares de ambas Sedesoles anden más en el lucimiento personal para atraer votos que en el trabajo de campo, o ya por lo menos, arrastrando el lápiz para diseñar mejores programas o hacer más efectivos los existentes.

Verdad es que hay cosas buenas en ambas dependencias pero los números son inequívocos, claros, el balance es negativo y se debe a que no se ha sabido dar rumbo, porque no han hecho las cosas de manera correcta, porque hay corrupción o porque hay ineptitud.

Es decir, los tamaulipecos no debemos estar condenados a la pobreza por la simple razón de que así nacimos, al contrario, se debe tener inteligencia y honestidad para que las cosas empiecen a cambiar, para que disminuya en lugar de que crezca el número de personas que no tienen ni para comer.

Son 185 o casi 200 mil las personas que viven en Tamaulipas cuyos ingresos no son suficientes para comer, menos para tener escuela, salud, y vivienda, es un número que espanta, y que solo significa dos cosas, o los encargados de las políticas de desarrollo social son corruptos, o de plano son completamente ineptos y hay que cambiarlos, y si se puede, meterlos a la cárcel.

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