Encuestas

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En virtud de que el diseño, la aplicación e interpretación de una encuesta implica el manejo de ciertas habilidades matemáticas que no están al alcance de cualquiera, pues es hasta el nivel bachillerato que se enseña en nuestras escuelas la estadística mínima para comprenderlas, resulta que los encuestadores se han convertido en una especie de brujos que adivinan o predicen los resultados electorales, y las encuestas en el instrumento infalible que tarde que temprano habrá de sustituir el engorroso trámite esencial de la democracia, que es convocar a los ciudadanos para que elijan a sus autoridades.

En el caso de las encuestas sucede lo mismo que con la prensa, sólo que en el oficio periodístico ya no hay quien crea en la espontaneidad y objetividad del producto que ese gremio aporta a la sociedad, es decir la información o los mensajes. Intentare explicarme: en el caso de la prensa, ya sea escrita, verbal, audiovisual, impresa o transmitida por medios electrónicos, los ciudadanos han aprendido a dudar de lo que les dicen, se han entrenado para captar intenciones a favor o en contra de una propuesta, un partido, o un candidato. El lector o consumidor promedio de noticias no acepta de buenas a primeras lo que le transmiten. Sabe que es necesario contrastar los mensajes, escuchar varias versiones, leer entre líneas, comprender el contexto de lo que lee u oye, ver quien lo dice, en qué momento, a quién beneficia y a quien perjudica, etc.

Las encuestas, instrumento recientemente incorporado a las prácticas políticas de nuestro país, aún gozan de una credibilidad muy amplia. Son sólo unos pocos los que dominan el tema, son unas cuantas empresas las que acaparan el mercado de las encuestas en México.

Los encuestadores, al igual que cierta prensa, “cucharean” la información, la matizan, la descontextualizan, la omiten, la esconden, la falsean, la ocultan, la presentan de tal forma que faltan a la verdad, sin tener que mentir necesariamente.

Aún está fresco en mi memoria el recuerdo de la confianza que tenía el entonces Senador Oscar Luebbert Gutiérrez, de conseguir la candidatura al gobierno de Tamaulipas, en la sucesión de Tomás Yarrington Ruvalcaba, pues le habían prometido escoger como candidato de su partido, a quien resultara más conocido y aceptado en una encuesta levantada para este fin.

A Luebbert lo empezaron a minar psicológicamente ofreciéndole los resultados de varias encuestadoras patito, que aceptaron prestar su logo y su papel membretado para plasmar una encuesta hecha en la Casa de gobierno, en donde siempre quedó muy claro que el favorito era Eugenio Hernández.

Con la confianza de haber escuchado los resultados de una encuesta en donde resultaba mejor posicionado que cualquiera de los que se habían inscrito en la contienda interna para elegir al candidato del PRI al gobierno de Tamaulipas, Oscar Luebbert afirmaba: vamos a esperarnos a la encuesta de María de las Heras, quien es propietaria de una casa encuestadora, y esposa de Cesar Augusto Santiago, un ex secretario de elecciones del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, que era, hasta ese momento así lo consideraba, amigo del reynosense Luebbert Gutiérrez.

Tras dejar que por varios días manifestara su total confianza en el resultado de María de las Heras, mensaje captado oportunamente y difundido ampliamente por la prensa tamaulipeca, llegó el día en que la casa encuestadora afín al PRI compartió sus resultados a los medios de comunicación, dándole una cómoda ventaja al consentido del gobernador Yarrington.

Oscar Luebbert ignoró la añeja e infalible máxima que señala “Bisnes are bisnes”, y en el caso de las empresas encuestadoras el bisnes no necesariamente está en la aplicación e interpretación objetiva e imparcial de una encuesta, a veces la hoja de papel membretado y la firma llegan a cotizarse hasta en 5 millones… según los rumores de ese tiempo.

Comparto con ustedes estos comentarios para establecer el contexto de mi duda sobre la veracidad de las encuestadoras que aseguran que Enrique Peña Nieto no ha tenido merma en el nivel de aceptación, a pesar del incidente en el que se demostró que es ajeno a los libros, y la confesión a modo (a manera de control de daños) de sus infidelidades y su paternidad extra matrimonial.

Las encuestas a modo buscan influir en la decisión de los electores; generar la percepción de que es inevitable el triunfo de cierto candidato; se inspiran en la idea que afirma que nada es tan exitoso como el éxito; buscan atraer a los que quieren estar con los ganadores, sin importar lo que eso implique; intentan minimizar los yerros y las deficiencias de un candidato o partido, y sobrevalorar los de las otras opciones.

¿Usted le cree a las encuestadoras?

oscardiaz482@msn.com

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