Anhelando un verdadero equilibrio de poderes en Tamaulipas.

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Locuras Cuerdas
Jorge Chavez

Nada de lo que el hombre ha sido, es o será, lo ha sido, lo es o lo será de una vez para siempre, sino que ha llegado a serlo un buen día y otro buen día dejará de serlo. José Ortega y Gasset.

El caso del exgobernador Tomás Yarrigton Ruvalcava (TYR), me recuerda el efecto mariposa que está íntimamente ligado al surgimiento de la Teoría del caos, que sugiere la posibilidad de que un ínfimo acontecimiento como el aleteo de una mariposa, acaecido en un momento dado, pueda alterar a largo plazo una secuencia de acontecimientos de inmensa magnitud. De una forma o de otra todos estamos asombrados con lo acontecido y creo que quienes de alguna forma conocimos el poder acumulado por el exgobernador no dejamos de estar sorprendidos por el curso que ha tomado su vida y por el enorme caos que este evento podrá traer a nuestro estado a corto, mediano y largo plazo, dado que TYR no es cualquier político en el contexto histórico de Tamaulipas.

Juguemos a regresar el tiempo, en 1998, y en lugar de TYR escojamos a otro, pongámosle el nombre que queramos; ¿verdaderamente creemos que las cosas hubieran sido diferentes? La forma tan servil y obsecuente con que se desempeñó el poder legislativo en su mayoría y la falta de independencia del poder judicial tuvieron mucho que ver con la transformación de TYR que simplemente gobernó Tamaulipas “Ad libitum”, es decir a su santa y única voluntad. No hubo poder que lo confrontara porque así se aceptó la forma de hacer política.
Suponiendo sin conceder que lo que se dice de TYR es cierto, entonces estaríamos ante un grave problema que no se resuelve con que, quien nos gobernó de 1999 al 2004, sea condenado a la cárcel una o dos, o las cadenas perpetuas o años que le pudieran dar. Las causas del problema siguen vigentes ya que el origen del supuesto abuso de poder estriba en que, quien funge como titular del poder ejecutivo estatal tiene tanto poder sexenal sin un contra peso que le limite tantas decisiones, que lo mismo puede enviar una iniciativa de ley una semana y a la siguiente semana vetar esa ley sin un poder que lo confronte para, precisamente encontrar el punto de equilibrio y evitar cualquier abuso en los protagonistas actuales.

En el último número de la revista Nexos, David Pérez Esparza plasma en su columna unos cuestionamientos que nos incumben a todos los tamaulipecos y que a la letra dice: ¿Qué nos pasó? ¿En qué momento permitimos que los gobernadores pudieran hacer lo que quieran con los estados que, en teoría, gobiernan para mejorar? ¿Cómo explicar que después de desfalcar un estado haya quien pueda vivir a costa de un sistema que no sólo protege, sino que fomenta la corrupción y la impunidad? Hasta ahí la cita.

Resulta muy fácil hacer leña del árbol caído en el caso del exgobernador tamaulipeco TYR, pero es importante entender que los síntomas de la forma de hacer política en aquel entonces, aún subsisten en nuestro estado con un gobernador de otro partido que prometió hacer las cosas diferente pero con un congreso que se pronostica el más barco, ligero y pusilánime de la historia sin un personaje que encarne una verdadera oposición y con un poder judicial igual que los anteriores sexenios, muy dependiente del gobernador. Al final no dependemos de las instituciones, seguimos dependiendo de la voluntad de una persona, y así lo aceptan los dos poderes, quienes debieran ser el equilibrio de poder frente al titular del poder ejecutivo, válgame tanta reiteración estimado lector.
No queremos un estado donde todo se acomode para que los errores del gobernador sean legales porque los cometa el propio gobernador a falta de equilibrios en su ejercicio y desempeño del poder.

El Estado mexicano padece un mal crónico ya que la constante situación de los gobernadores salientes es que son perseguidos por delitos cometidos durante el ejercicio de su gobierno y que durante el mismo nadie pudo frenarlos ni confrontarlos. Mientras el poder de los gobernadores no sea verdaderamente regulado seguirán dándose ex gobernadores huidos al final de sus respectivos sexenios.

Independientemente de que el poder sea evanescente al final de cada mandato debemos encontrar auténticos equilibrios o frenos políticos para quien funge como gobernador y no pueda embriagarse de poder, amén de que después de esta pachanga la cruda le pega a la ciudadanía.

Mis votos como columnista y ciudadano son para que mi gobernador Cabeza de Vaca sea el primer instigador del verdadero equilibrio de poderes en nuestro estado, por el bien de Tamaulipas y para el bien del propio Cabeza de Vaca cuando sea exgobernador.

El tiempo hablará.

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