AL VUELO-Pobretón

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Por Pegaso

Andaba yo volando sobre las desiertas calles de la ciudad, escenario ahora del choque de dos diferentes grupos delictivos que se disputan el control de la plaza.

Parecía, no exagero, una ciudad fantasma. Se me figuró la vieja ciudad Guerrero cuando baja el nivel de la presa Falcón o alguna comunidad del lejano oeste.

Luego de mi vuelo vespertino me puse a ver las noticias en la telera y una de ellas me dejó boquiabierto, anonadado y patidifuso.

Resulta que el gobierno de los Estados Unidos no le ha encontrado a El Chapo Guzmán un sólo centavo de dólar.

Parece que la fortuna de más de 16 mil millones que decía la revista Forbes que tenía, se esfumó, desapareció.

Es decir. No hay nada de nada, y El Chapo resultó ser más pobre que un asalariado a mitad de quincena.

No me pareció creíble la noticia. Me niego a pensar que un gobierno como Estados Unidos, con toda la tecnología, con un ejército impresionante de fiscalizadores, de agencias de inteligencia y todo ese rollo, no encuentre la fortuna del capo mexicano.

Como si no supieran de la existencia de los paraísos fiscales o los prestanombres.

Aquí sí que el Chapo resultó ser más vivillo que los gringos, y hasta he llegado a pensar que convirtió toda su fortuna en panchólares para que nadie se la pudiera quitar.

El tema provocó que el mandatario norteamericano, El Trompas, hiciera un berrinche más, porque aparte de que el Congreso de su país le negó la lana para construir el muro fronterizo, ahora tampoco podrá disponer del billete de El Chapo para financiar tan absurdo proyecto, y además, al no hallar el cuerpo del delito tendrían que dejarlo en libertad con un simple “usté disculpe”.

Y a todo ésto, ¿dónde quedó la lana? Porque también resulta incongruente que no pueda ser rastreada una cantidad tan enorme de dinero, incluso en los paraísos fiscales.

En la era de la computación y las redes sociales, no hay asunto por más insignificante que se le escape a la poderosa maquinaria fiscalizadora de los Estados Unidos.

Cada uno de sus 326 millones,273,096 habitantes están bien controladitos. Supongamos que la mitad es población que percibe algún tipo de ingreso, así que cada uno de ellos debe pagar impuestos bajo la amenaza de recibir severas sanciones.

En Estados Unidos, no pagar impuestos es parecido a matar. No hay nada que se les escape.

Así que al ver la noticia sobre la misteriosa desaparición de la fortuna de El Chapo no les creía nadita.

Por ahí la debe de tener, debajo del colchón o invertida en el tequila que produce kate del Castillo.

De todos modos, si los gringos llegan a encontrar toda esa lana, les voy a hacer algunas recomendaciones para invertirla en lugar de gastarla toda en un pinche muro que no va a servir para nada, más que para pintar grafitis y practicar el salto con garrocha:

-Rehabiliten a los millones de jóvenes adictos a las drogas. Hay datos duros que comprueban cómo los ciudadanos norteamericanos se meten droga hasta por las orejas, a tal grado que incluso cada uno de ellos tiene a su “dealer” de confianza cerca de su casa.

La prueba que no me deja mentir: De cada cien películas gringas, el 99% incluyen escenas donde un chavo, chava, niño, señor, señora, anciano o anciana están fumando hierba o snifeando cocaína.

Si no hubiera en gringolandia tal demanda por las drogas, no habría narcotráfico y todo mundo sería más feliz.

-Con ese dinero financíen una nueva elección, luego de invalidar la que hizo ganar a El Trompas. Créanme, éste orate nos va a llevar a todos al apocalipsis. Ustedes, los norteamericanos, estaban mejor con el negrito Obama, o con Bill Clinton. Al menos éste último mandatario, medio chimengüenchón y borrachales les hacía el día con sus patoaventuras.

-Con la fortuna de El Chapo confiscada podrían comprar todo el territorio de Corea del Norte y correr a patadas al chale ojos de rendija que les quiere aventar misiles a la Casa Blanca.

De esa forma se acabaría la amenaza de una Tercera Guerra Mundial.

No quiero dar más sugerencias porque se me acabaron las ideas, pero aquí les dejo el refrán estilo Pegaso que dice: “¡Abstente de acudir a mí con el afán de irritarme los globos oculares!” (¡No me vengas a picar los ojos!).

¿Qué opinas?