AL VUELO-Chale

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Por Pegaso

¡Ja, ja, ja!¡Je, je, je!¡Jo, jo, jo! Nunca nadie me había hecho reír tanto como el chale ojos de rendija, cara de tortilla de la Malinche.

El Presidente de Corea del Norte dijo, si hay que creer en una nota que leí ayer, recostado en mi mullido cumulonimbus, que está dispuesto a regresarnos los territorios que Estados Unidos robó a México en 1948, tras la firma del malhadado Tratado Guadalupe-Hidalgo, a cambio de que el Gobierno de nuestro país deje entrar sus tropas para partirle la mandarina en gajos a los gringos desde el sur.

Al igual que yo, muchos se rieron a carcajadas de la ocurrencia del dictador norcoreano, que con ese tipo de propuestas sólo demuestra que está más loco que una cabra.

Supongando que Peña Nieto está aún más orate y que acepte, ¿no tomaría inmediatamente represalias el Trompas contra México si detecta el desembarco de tropas enemigas en costas nacionales?

A los primeros que van a bombardear es a nosotros. Si ya de por sí las calles de Reynosa están llenas de baches y zanjas, ¡imagínense si nos avientan la Madre de Todas las Bombas!

Pero bueno, si hacemos un ejercicio de imaginación y pensamos que los coreanos le ganan a Estados Unidos gracias a que México les dio chance de pasar por aquí, la pregunta sería, ¿qué vamos a hacer con todo ese territorio que nos regresarán?

En primer lugar, correr a patadas a los güeros, que se vayan a Massachussets o a Connecticut con su papá El Trompas. Los que quieran quedarse tendrán que trabajar de braceros o chalanes a cambio de un sueldo miserable.

Lo malo del asunto es que pronto, muy pronto, la Plaza Mall estará invadida de comerciantes ambulantes, los barandales del Expressway 83 serán pintados del color del partido que esté en el gobierno y en cada esquina se instalará un puesto de tacos o hot dogs.

Corea del Norte, alguien me decía ayer, es el brazo armado de China. Lo que no puede hacer China, por ejemplo, ensayar sus bombas nucleares, lo hace Corea por ellos. Son algo así como la “mano de gato” de los chinos.

Para quien no se sepa la fábula, ésta se incluye en un libro llamado “Las 48 Leyes del Poder” y dice más o menos así: En una mansión vivían un mono y un gato. Ambos disfrutaban del calor que producía la chimenea en aquella hermosa sala donde solían pasarse los días.

En cierta ocasión el dueño dejó una bolsa de castañas sobre una mesa. El mono, sabiendo que las castañas necesitan colocarse al fuego para poder abrirlas con facilidad, le dijo al gato:

-Mira, vamos a echar las castañas a la chimenea, una por una. Cuando estén listas tú las sacas del fuego, me las pasas, yo las pelo y después nos las comemos juntos, ¿qué te parece?

El gato aceptó el trato.

El mono le pasó la primera castaña y el gato la echó al fuego. Momentos después la sacó con su peluda mano, sufriendo el dolor de las quemaduras y se la pasó al mono, quien la abrió y se la comió.

Y así, mientras el gato sacaba el resto de las castañas de la chimenea, el mono se las comía, sin compartir una sola con el pobre felino.

Es una técnica que se llama precisamente “la mano de gato”, una forma de hacer que otros hagan el trabajo sucio por tí.

Luego entonces, lo que el chale quiso decir cuando ofreció regresarnos Texas, Nuevo México y California, es que permitamos el ingreso del ejército chino para que nuestro territorio se convierta en campo de batalla.

No me aguanté la risa ante semejante disparate, así que aquí los dejo con el refrán estilo Pegaso: “Y tu postre elaborado en molde con agua congelada, colorantes y edulcorantes, ¿de que sabor la prefieres?” (Y tu paleta, ¿de qué la quieres?)

¿Qué opinas?